Revista de Prensa


· 19/11/2012

En las últimas dos décadas la comarca ha registrado al menos otros dos accidentes mortales vinculados al deporte de la caza. Uno de ellos tuvo lugar en Rodeiro, durante una batida de zorros, y otro en Silleda, cuando una vecina de Saídres falleció tras rebotarle un perdigón disparado por su hijo. Más cercanos en el tiempo, pero no en la geografía, figura el incidente ocurrido el pasado fin de semana en A Pobra do Caramiñal, en el que un septuagenario resultó herido de un disparo mientras recogía setas junto a su hijo y un amigo. Las últimas investigaciones sacaron a la luz que el calibre de la munición es inferior al que se emplea en las batidas de jabalí.

El presidente de la Sociedade de Caza e Pesca de Silleda mostraba ayer su consternación por el fatal suceso, dado que Adrián Areán pertenecía desde hace varios años a este colectivo, en el que también se integraba su primo. "No sabemos qué pudo ocurrir, si se movió alguno de los dos durante la cacería [en este tipo de batidas, cada cazador tiene un puesto fijo] o si, incluso, pudo haber rebotado la bala", añade José Antonio Pena Fernández Toxa.

"Llevo treinta años cazando y nunca nos ha pasado esto", prosigue el presidente de los cazadores trasdezanos, consciente de la polémica que suele desatarse sobre la seguridad en la caza cada vez que ocurren este tipo de percances. "En Galicia suele producirse un accidente mortal por temporada. Si tenemos en cuenta que en las jornadas hábiles salimos al monte 60.000 deportistas en toda la comunidad, queda claro que existe ningún problema sobre la seguridad", recalca Toxa.