Revista de Prensa


Desde la antigüedad, las presiones de la caza excesiva han contribuido a la progresiva disminución de las poblaciones de fauna silvestre e incluso a la extinción de ciertas especies en muchas áreas.
· 5/6/2013

Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y del Centro de Investigación Forestal (INIA-CIFOR) han analizado la evolución de la caza mayor en España desde 1972 hasta 2007.

«Hemos analizado las tendencias generales de las estadísticas oficiales sobre cazadores, armas de caza, terrenos cinegéticos y capturas. Nuestra conclusión principal es que el número de cazadores de caza mayor ha aumentado a pesar de que el total de cazadores ha disminuido», declara a SINC María Martínez, investigadora del Centro de Investigación Forestal y coautora del estudio.

Además, el trabajo explica que los cotos de caza de libre acceso han disminuido a costa de la proliferación de terrenos donde se ejerce control sobre las capturas.

«Sabemos que el aumento de capturas de caza mayor ha venido acompañado de profundas trasformaciones en una serie de factores relacionados con la oferta y la demanda: mayor poder adquisitivo de las familias, mayor número de cazadores urbanos desvinculados del campo que persiguen este tipo de caza y los trofeos; abandono de la agricultura y la ganadería, mejoras tecnológicas, repoblaciones o sueltas. Todo contribuye a que cada vez haya más terrenos acotados dedicados a esta práctica, y muchas veces, de manera más intensiva», apunta Martínez.

Semidomesticación

Otra de las conclusiones del estudio es que la evolución de la caza, por ser un bien económico, se puede explicar por los parámetros que rigen los mercados. Así, desde 1972 a 1989, la razón más importante que explica el aumento de capturas se debe a la limitación del acceso libre a la caza, y su sustitución por una mayor gestión de estas zonas para la caza comercial. Posteriormente, desde 1989 hasta 2007, la caza mayor crece, fundamentalmente, debido al empuje de la demanda inducida por un mayor interés del turismo urbano por este tipo de actividades.

«Sin embargo, el aumento de la caza mayor llega en ocasiones a la semidomesticación y acarrea perjuicios como el daño a cultivos o las dificultades de regeneración natural de las especies vegetales. Para obtener niveles sostenibles de capturas de caza mayor y de sus poblaciones es imprescindible que los gestores sean conscientes de estos impactos. Aunque, al mismo tiempo, es recomendable reconocer las oportunidades positivas generadas por la actividad cinegética», concluye la investigadora.