Revista de Prensa


El último rastro del felino en la comunidad fue documentado en 1997 en Pena Trevinca
Nacho Blanco · 2/2/2014

A pesar de que todos asociamos al lince ibérico con el sur ?animal que junto al oso y al lobo conforman la tríada de los grandes depredadores de la península? hubo un tiempo en el que este felino en peligro crítico de extinción merodeaba por los montes gallegos.

Así lo constatan las fuentes más antiguas, desde el padre Fray Martín Sarmiento, que aseguró en el siglo XVIII que el lynx pardinus estaba presente en Galicia, El Bierzo y Sanabria, aunque no era habitual, hasta decenas de testimonios anónimos que se fueron espaciando en el tiempo, lo que demuestra el retroceso del felino, especialmente en el siglo XIX.

Los expertos, de todos modos, son cautos ante los avistamientos por personas no especializadas, pues el lince ibérico puede ser confundido con facilidad con un gato montés o con el lince boreal, de mayor peso y sin manchas en la piel. En Verín hay constancia en 1790 del lobo rabaz, tigre o lubicón, como se conocía también al lince en Galicia, cuyo itinerario cubría la zona fronteriza con Portugal.

También hablan de su presencia las citas del naturalista López Seoane, que en su Fauna Mastológica, de 1863, situaba al lince en tierras pontevedresas de Lalín y montes de Tabeirós. Incluso en la localidad lucense de Vilalba ubica Seoane el hábitat del felino más amenazado del planeta.

Miguel Delibes

Aunque estudiosos como Ángel Cabrera lo consideraron extinto en el norte de España en 1910, los avistamientos continuaron en fechas más recientes. Así lo atestiguan ya en 1965 Miguel Delibes y Alejandro Rodríguez, que apuntan la existencia del lince en Galicia y esbozan el caso de un ejemplar muerto por un cazador en la Serra do Larouco. Los trabajos de campo de Delibes y varios colaboradores del fallecido Félix Rodríguez de la Fuente ampliaron la distribución del felino en la comunidad hasta bien entrados los años 80 del pasado siglo.

En 1966 en la localidad ourensana de Entrimo hay noticias de la caza de una hembra de lince que podría tener crías, dado el estado que presentaban las mamas del animal. La raia galaico-portuguesa ha recogido también numerosos «encuentros» entre humanos y linces, especialmente en la zona del parque natural transfronterizo del Xurés-Geres. En su mayoría, los que se topan con ellos son cazadores, ganaderos o agricultores, de ahí las dudas de parte de la comunidad científica sobre el rigor de estos avistamientos.

Pieles y cadáveres

Las sospechas de que el lynx pardinus todavía vague por los montes gallegos ?que conservan espacios ideales para su desarrollo, especialmente aquellos de vegetación de matorral bajo y gran número de conejos, su alimento principal? señalan puntos concretos de la montaña lucense como posibles refugios del amenazado felino.

Es el caso de la sierra de Os Ancares, tanto en su vertiente lucense como en la berciana. En ésta, en Balboa, apareció muerto un ejemplar en 1967. A mediados de los años setenta cuentan que se abatieron dos linces en O Courel, uno de ellos un especimen muy viejo. También en la misma comarca, el estudioso Eduardo Trigo halló una piel de este felino que se encontraba en muy mal estado de conservación.

En 1993 Fermín, un vecino de Cervantes que iba de caza con un amigo, aseguró ver a una decena de metros un lince en el lugar de Val do Teso. El felino los observó y prosiguió su camino.

Interesantes son los trabajos que ha desarrollado la revista Argutorio, que coloca en el mapa de las montañas galaico-leonesas al lince, con avistamientos en los noventa en zonas limítrofes como las Médulas o Carucedo. Dicha publicación recoge los trabajos del profesor universitario Ramón Grande del Brío que asegura que en Galicia todavía existen linces. Del Brío cita huellas del felino en tierras ourensanas, concretamente en Pena Trevinca, muy cerca del pueblo de Casaio, algunas de ellas ratificadas en 1997 por colectivos como Ecologistas en Acción. También el autor, en su libro El lince Ibérico, señala su presencia en el monte de O Páramo, en Serra da Enciña da Lastra.

Doiras es la clave

Sin embargo, la noticia de más transcendencia desde un punto de vista científico fue la del zoólogo de la Universidad de Montana Anthony Clevenger, que en septiembre de 1985 aseguró, mientras trabajaba en un estudio sobre el oso pardo junto al Castelo de Doiras, en Cervantes, haberse cruzado con un ejemplar de lince ibérico. Son palabras mayores, pues Clevenger, por su trabajo, sabe distinguir entre un gato montés y un lince sin dificultad.

El cuaderno de notas de Clevenger refleja así el encuentro: «Aproximadamente a un kilómetro y medio del pueblo de Doiras... observé a un lince a diez metros del coche, justo al salir de una curva. El animal se hallaba en el centro de la vía, a corta distancia de un conejo...».

El testimonio directo de un científico como Clevenger ha reabierto el debate sobre la posibilidad de que en Galicia subsista algún reducto de un felino del que apenas quedan 300 ejemplares en toda España. Según los expertos las condiciones de O Courel, Trevinca y Os Ancares son propicias para que el lynx pardinus regrese al norte, si es que alguna vez se marchó de aquí.