Revista de Prensa


El grupo AF4 ultima dos estudios sobre las poblaciones de anguila y de jabalí
Cristina Barral · 15/3/2015

Proyectos muy diversos y que tienen, aparentemente, poco en común entre ellos. Estudios forestales puros; sobre ríos, aguas y recursos hídricos; manejo de recursos cinegéticos y piscícolas o sistemas de información geográfica aplicados. A estos campos se dedica el grupo de investigación de ingeniería de los recursos naturales, denominado AF4. Este equipo que coordina el profesor Enrique Valero tiene su sede en la Escola de Enxeñaría Forestal del campus de Pontevedra. Creado en 1998, el grupo cuenta hoy con siete miembros entre docentes, investigadores, colaboradores y becarios.

El AF4 tiene en marcha dos estudios sobre la población de anguilas en la cuenca atlántica, y de jabalíes en Galicia. Uno que está muy avanzado es un proyecto de fondos europeos sobre la situación de la anguila y la saboga en toda la cuenca atlántica, de Noruega a Portugal. El grupo participa a través de la Dirección Xeral de Conservación da Natureza. «Estamos rematando ya, después de dos años yendo al río y haciendo pesca eléctrica», explica Valero. Esas descargas eléctricas que se hacen en el río atontan a los peces y hacen que salgan, lo que permite evaluar las poblaciones por tramos del cauce, estudiando después su peso y su tamaño, entre otros parámetros.

Al laboratorio de hidráulica de Forestais han llegado algunas muestras para estudiar su grado de parasitismo interior. «Hay un problema con la anguila, que tienen un parásito y que le está afectando mucho», relata Valero. Aunque los resultados están sin publicar, las conclusiones apuntan que la anguila está «en franca caída en Europa». Hasta que se pongan en común todos los datos no se sabrá si la situación de la especie en Galicia es distinta a la del resto de territorios.

Otro trabajo que implica al grupo AF4 versa sobre la estimación de las poblaciones de jabalí en Galicia y el desarrollo de un plan de gestión. Este proyecto, también de la Dirección Xeral de Conservación, tiene de entrada la dificultad de tener que enfrentarse a tres millones de hectáreas. Está en la primera fase. Para hacer el estudio los especialistas se han basado en tres fuentes colaterales que existen y que han suministrado, dicen, una información «excelente».

Se trata de los accidentes en carretera en los que se ven implicados jabalíes, que ofrecen una información muy precisa sobre la hora y el punto kilométrico; las denuncias por daños a los cultivos agrícolas; y los aprovechamientos que hay en los tecores o cotos de caza de las batidas, es decir, cuántos animales se abaten por temporada. «Provienen de organismos distintos y para unificarlos hubo que crear unos algoritmos un poco raros, pero al final los hemos conseguido homogeneizar», detalla Valero. Del estudio parece extraerse que hubo un pico de la población de jabalíes hasta el 2011 y a partir de ahí hay una cierta bajada.

En diciembre del 2011 el grupo AF4 había presentado una aplicación para teléfonos móviles que alerta a los conductores cuando llegan a un punto de una carretera con peligro de invasión de animales. Para ello se habían estudiado 6.000 accidentes. El equipo tiene artículos en dos publicaciones científicas -Wildlife Research (2015) y European Journal of Wildlife Research (2012)-, uno sobre el patrón temporal de los accidentes con jabalíes, y otro sobre las características de las carreteras. «La mayoría se producen en carreteras secundarias digamos, pero no de montaña», desvelan.

La conectividad es otro campo, más complejo y actual, en el que trabaja el grupo. Conlleva el uso de herramientas de información geográfica y está vinculado a las infraestructuras verdes y corredores ecológicos. «Se ha entendido en Europa, de la antigua política de la directiva Hábitats, que había que tratar de proteger zonas del territorio, pero al final lo que se consigue son espacios aislados entre sí, cuando tendría todo el sentido que estuvieran conectados con infraestructuras verdes o corredores ecológicos para que haya intercambio genético entre especies», señalan.

El oso en Os Ancares

Se trata, por tanto, de estudiar los hábitats y de ver por dónde un animal se puede mover, salvaguardando esas zonas que son prioritarias para los desplazamientos. La Fundación Oso Pardo, por ejemplo, pidió ayuda al grupo por el impacto de la autovía A-6, «que rompe la conectividad». ¿Y qué pasa cuando la infraestructura ya está hecha como en este caso? «Soluciones hay para casi todo en ingeniería, se pueden hacer corredores alternativos, seminaturales o artificiales, para que retomen la ruta, o infraestructruras de paso o pasos de fauna», afirman. Han hecho trabajos en Os Ancares y O Courel.

Otro ámbito de investigación del grupo es el relativo a ríos, aguas y recursos hídricos. Evalúan el estado de las aguas desde el punto de vista físico-químico, biológico y de cuenca. También sobre aportaciones contaminantes y nutrientes, y restauración fluvial con técnicas de bioingeniería, esto esto, empleando materiales vivos (troncos, rocas...). Xana Álvarez rematará este año su tesis sobre la proliferación de cianobacterias en el embalse del Umia, en Caldas de Reis. El trabajo propone extraer esas algas y usarlas como biodiésel. Otras líneas del AF4 tienen que ver con el paisaje y cómo minimizar los efectos de infraestructuras o explotaciones; y con temas forestales como la evaluación de la biomasa o las repercusiones sociales y económicas del sector forestal en Galicia.