Revista de Prensa


Frank Cuesta regresa el domingo a DMAX con un especial en el que participará como observador en una cacería en Sudáfrica. «No fue una experiencia bonita», reconoce

Miguel Ángel Alfonso · 2/11/2017

Después de enfrentarse cara a cara en varias ocasiones con algún cazador, e incluso de salir huyendo de sus disparos, el herpetólogo y extenista Frank Cuesta (León, 1971) ha recibido la invitación más inesperada de su vida: acudir como observador a una cacería organizada en Sudáfrica. Pese a estar en contra, aceptó, y fue testigo, «pero no cómplice», de la muerte de una jirafa. El reportaje se emite este domingo en el canal en abierto DMAX (a partir de las 21.30 horas), como un especial que forma parte del inicio de la nueva temporada de 'Wild Frank', en la que Cuesta visitará en esta ocasión el norte de Italia. Allí intentará descubrir la fauna del país transalpino y visitará un circo para comprobar de primera mano el estado de sus animales.

Esta cacería legal forma parte de las que organizan cazadores profesionales para clientes que buscan vivir la experiencia de abatir animales exóticos. Cobran distintas tarifas; para disparar a un león hay que desembolsar 50.000 euros, hacerlo sobre una jirafa cuesta 20.000 yabatir un búfalo, 10.000. El precio se incrementa si el pagador quiere quedarse con la piel, los huesos o la cabeza del animal, y se reduce si éste está enfermo o es mayor.

«La caza se puede entender desde dos puntos de vista, por divertimento o por cinegética. Hay lugares del mundo en los que los animales cada vez tienen menos espacio y deben ser controlados para que no desaparezcan todos. El problema más grande no son los cazadores, es esta falta de espacio, nos guste o no. Odio tener que decirlo, pero los rinocerontes en África se están salvando gracias a la caza, ¡ojo!, solo los que se cazan en sitios controlados, como al que fuimos. Otra cosa es que un señor se siente en un trono y meta doscientos tiros a todos los animales que pasen por delante», explica Frank Cuesta.

«Hay mucha gente que sólo defiende la naturaleza desde el ordenador»

Para realizar este reportaje, el herpetólogo ha tenido que tragarse sus principios. Lo ha hecho, dice, para poder ampliar su punto de vista sobre el tema. «No fue una experiencia bonita, fuera de cámara apenas hablaba con ellos. Ni siquiera querían que grabáramos el disparo a la jirafa, pero lo conseguimos. Ellos estaban muy tranquilos, incluso cuando luego le dieron el tiro de gracia a ese bicho, tan grande como es».

Durante la grabación, en la que acompañó a dos cazadores en búsqueda de la jirafa que había sido apalabrada previamente, se sucedieron diversos momentos de tensión que estuvieron a punto de suponer la cancelación del rodaje. Veremos a Frank, por primera vez, despojado de su uniforme habitual, camiseta y gorra blancas, ya que tuvo que ponerse una camisa caqui para camuflarse.

«Teníamos una preocupación en la productora, no queríamos que se matara a ningún animal exclusivamente para que nosotros pudiéramos grabarlo. Esto está más cerca del reportaje, del documental, que del programa habitual de 'Wild Frank'. No ha sido nada fácil. Sabíamos a lo que íbamos, pero cuando vimos cómo mataban a la jirafa y luego se la comían... Cómo la masticaban. Nos pegó un bajón. Ha habido momentos tensos, Frank se puso a decir palabrotas y a punto estuvo de cancelarse la grabación. Aunque ellos querían exponer sus argumentos, a ningún cazador le hace gracia tener cámaras cerca», cuenta Carolina Cubillo, responsable de la productora Molinos de Papel, encargada del programa.

Una de las imágenes más contundentes refleja, precisamente, cómo los asistentes de los cazadores preparan el cadáver del animal para la foto. «Ahí entra el tema del ego. Pero no lo disfrutaron porque yo estaba dando el coñazo. Claro que si hablamos de ego... Cuando yo grabo con los animales también es un tema de ego para mí», reconoce Cuesta.

Durante la rueda de prensa, celebrada en Madrid el pasado martes, tanto Cuesta como el resto del equipo eran conscientes de la polémica que va a despertar la emisión del programa, más aún de la que ya suele generar de por sí lo que rodea a 'Wild Frank'. «Seguro que va a haber jaleo y voy a pelear por dar mis razones de por qué lo grabamos. Que cada uno elija si le gusta o no le gusta. No vamos a poner a estos tipos como los mejores del mundo, ni como los peores. Esto funciona así, mientras estamos hablando han caído otros 30 animales en África», responde el herpetólogo.

- Le dirán que usted también come carne...

- Hay mucha hipocresía; a mí siempre me dicen: 'salvas muchos animales y luego te los comes'. No eres bueno o malo porque comas pescado o una vaca, el tema es que el mundo tiene que tener un balance y nosotros somos omnívoros. Yo he tenido mi etapa de vegano, pero si nos hacemos todos veganos y dejamos de matar animales para comer, muchos de ellos desaparecerían. Por no hablar del tema de la deforestación para plantar. La gente normal no lo piensa, va al bar y se toma una tapa de chorizo... Hay mucha gente que defiende la naturaleza desde el ordenador y luego no mueve el culo para ir a limpiar una perrera o salvar a un perro, ni siquiera tienen los huevos de donar un dinerito. El animalismo está prostituido.