Revista de Prensa


La Unión de Tecores de Galicia aspira a que los cazadores ayuden a disuadir a los pirómanos
M. Méndez · 17/10/2011

La jornada inaugural de la temporada de caza en los montes de O Salnés y Ullán ha servido para cobrar las primeras e importantes piezas, sobre todo conejos y alguna que otra perdiz. Pero la actividad desplegada ayer también sirve para dejar patente que los montes están extremadamente secos, y esto no solo dificulta hasta límites insospechados el trabajo de los perros, que no son capaces de seguir el rastro, sino que hace que aumente, y de qué manera, el riesgo de incendio forestal.

El recorrido que ayer se hizo por zonas de caza como las de Xiabre o Lobeira permite comprobar que los montes son un auténtico polvorín y que la lluvia no solo es necesaria, sino imprescindible, para salvar la difícil situación actual.

Existe una gran cantidad de monte bajo que, cabe insistir, está formado por maleza seca, restos de ramas procedentes de alguna que otra tala e incluso trozos de madera a medio quemar, que no son más que los testimonios más fieles de aquel trágico episodio vivido en el año 2006, cuando las llamas asolaron la comarca y Galicia entera. En diferentes parcelas boscosas se observaba ayer que nadie se preocupó nunca de limpiarlas desde entonces, y esto hace que grandes trozos de troncos a medio calcinar se mezclen ahora con las ramas secas y la mustia vegetación, como si se tratara de una gran barbacoa que solo espera a que alguien le prenda fuego. De ahí la necesidad de que llueva para impedirlo.

Es evidente que un incendio en Xiabre a estas altura del año, sea por la causa que sea, serviría para devastar lo poco que queda de zonas arboladas, y quizás por ello, y por otros casos semejantes, desde la Unión de Tecores de Galicia (Unitega) insisten en que "ante cualquier presencia de humo en el monte los cazadores deben llamar al teléfono 085, el habilitado por la Consellería do Medio Rural para atender los avisos por incendios forestales".

Y es que, según Unitega, los cazadores deben convertirse en una especie de elemento disuasorio contra los pirómanos.