Revista de Prensa


Los restos aparecieron este fin de semana cerca de los otros ejemplares muertos
· 12/4/2012

Las trampas que en los últimos días acabaron con la vida de dos lobos (uno ibérico y otro híbrido) en la sierra de Barbanza se cobraron también la de un tercer ejemplar (híbrido) hace cinco meses aproximadamente. Fuentes de la investigación, que está llevando a cabo el Seprona y guardias forestales de la Xunta, desvelaron ayer que, mientras inspeccionaban el terreno en el que aparecieron los dos primeros cuerpos, también se encontraron los restos de un tercero del que únicamente quedaban sus huesos y el pelo. Las pruebas encontradas evidencian que este animal murió a causa de uno de los 25 lazos de acero trenzado que causaron la muerte a los otros dos, lo que demuestra que estas trampas ilegales ya se encuentran en la zona desde entonces.

Aunque los agentes forestales ya retiraron los restos de los mamíferos aparecidos, ayer aún se percibía el fuerte olor que dejaron a causa de su putrefacción. Es más, el terreno en el que fueron escondidos cuidadosamente bajo la maleza dos de los tres lobos mostraba una mancha negra que evidencia el mal estado en el que quedó. Los restos óseos que no fueron recogidos aún se podían ver ayer sobre el terreno.

Otro de los datos que han trascendido es que las trampas que no fueron retiradas por el Seprona ni los agentes forestales de la Consellería de Medio Ambiente durante el pasado fin de semana fueron recogidos, según explican las mismas fuentes, durante la madrugada por el responsable o responsables de colocar los lazos de acero trenzado. Los autores de la investigación insistieron ayer en que el autor de este delito medioambiental es ganadero.

Cierre pagado por la Xunta

La veintena de lazos que tenían como objetivo cazar a los lobos fueron localizados casi todos a los pies del vallado de una finca que en su día fue subvencionado por la Consellería de Medio Rural. El caso es que ahora este cierre ha quedado dañado, ya que para hacer caer a los animales en las trampas fue necesario abrir unos agujeros en la alambrada, que hoy todavía existen, y que ha dejado indefenso al ganado que está en su interior.