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«Os xabarís estanme arruinando, hai días que non podo nin comer»

Una ganadera habla de su desesperación por no poder alimentar a su ganado

| Cándida Andaluz · 20/3/2018

Es la imagen de la desesperación. La ourensana Irene Rodríguez Pumar comenzó con 16 años a trabajar en la explotación ganadera que ya tenían sus padres en el concello de Castro Caldelas y afirma que, de no cambiar la situación, en verano cerrará las puertas. Primero fueron los incendios y la sequía del pasado año. Ahora, afirma, los jabalíes. Los terrenos que ha preparado con hierba para dar de comer a sus 36 vacas y 14 terneros están destrozados. «Para min supón que me botan na ruína. Están xogando co meu pan e co da miña familia, non teño máis ingresos», afirma. Y añade que no es la única ganadera de la zona con el mismo problema. Explica que ya se ha puesto en contacto con los responsables de Medio Ambiente para solicitar una batida, pero subraya que lo único que le conceden son esperas en las propias fincas. Una labor que deberían realizar los cazadores de la zona pero a la que, señala, no están dispuestos. «Eu enténdoos, deben agardar de noite co frío que fai e coa néboa do inverno. E estamos falando de armas de fogo, non de xoguetes. O normal sería organizar batidas e deixarnos respirar polo menos un ano», explica.

Irene Rodríguez no puede dejar de alimentar a sus animales, así que destina todos los meses alrededor de 3.000 euros a comprar hierba y cereales. Mucho más del doble de lo que ingresa en casa. «Só nos tenreiros, que son 14, gasto 500 euros. E o resto para as vacas. Quedamos sen forraxe tralos incendios e a seca e agora ata sementamos patacas para darlles de comer, pero cando están crecidas veñen os xabarís e acaban con todo», lamenta.

Se le empañan los ojos cuando habla de las consecuencias personales: «Estou a tratamento psiquiátrico e non podo con isto. Os xabarís estanme arruinando e hai días que non podo comer, ó ver que está todo estragado. Cando me levanto e vexo isto péchaseme o estómago. Ó meu marido deulle un trombo e non pode desgustarse. O custe persoal é moito. Levántaste as sete da maña e ves que non tes futuro e que non fan nada [se refiere a las administraciones]. A desesperación é moi grande». Por eso no entiende que algo como la caza, que es una afición, esté acabado con su sustento. «A caza é un negocio e non lles interesa acabar cos animais. Sei de cazadores que pagan moitos euros polas licencias, máis os seguros... Agora mesmo protexen máis aos xabarís que aos gandeiros. E os animais non teñen a culpa, xa que eles buscan onde poden comer», explica. Mientras habla va a sacar a las vacas al campo. «Xa verás, están un rato fóra pero como non topan nada que comer vólvense tolas e teño que volver con elas a cuberto», explica. Y termina: «De seguir así terán que ir todas ó matadoiro e terei que pechar o meu sustento». Irene Rodríguez Pumar es una de tantos ganaderos que sufren las consecuencias de la presencia, cada vez más cercana, de los jabalíes. «Se ata na capital vense animais comendo as cáscaras de pipas que deixan os nenos. Imaxina aquí como será aquí». Ya ha relatado su caso a Medio Ambiente y a la alcaldesa de Castro Caldelas para buscar una solución. «Se non a atopan tería que ir ata o final, incluso ó xulgado», afirma.

«O custe persoal é moito. Levántaste ás sete da mañá e ves que non tes futuro»

La temporada pasada se autorizaron 5.649 batidas en la provincia

El protocolo de medidas para paliar los daños producidos por el jabalí en los cultivos agrícolas señala que las solicitudes de actuación tienen que ser formuladas por el titular de derecho del aprovechamiento y deben recoger obligatoriamente las firmas de los perjudicados por los daños, para enviar a la Dirección Xeral de Patrimonio Natural. En terrenos de aprovechamiento cinegético común, las solicitudes también pueden ser realizadas por el Concello, cuando los daños sean generalizados.

En los casos de afecciones a los cultivos, la Xunta estipula tres medidas que pueden llevarse a cabo, pero siempre de forma gradual. La primera sería el desencame de los jabalíes utilizando perros sujetos con cuerdas. Si no funcionase, se realizarían batidas disuasorias con canes sueltos, pero sin armas. La última medida sería la de batidas o esperas con armas. En el caso de Irene Rodríguez, el técnico de Medio Ambiente que visitó la zona descartó las batidas, aunque aconsejó las esperas en el terreno. Una posibilidad que resulta inviable, asegura la afectada, ya que ningún cazador quiere hacerlo por el riesgo que conlleva.

En la temporada 2016-2017, en Ourense se autorizaron 5.649 batidas. El año pasado, Medio Ambiente recibió 92 avisos por la presencia de este animal y, en lo que va de año, la cifra ha sido de siete. Cada vez es más frecuente la presencia de jabalíes cerca de zonas habitadas. La falta de comida -debido a la sequía e incendios en los montes del pasado año- les lleva a tener que desplazarse a lugares más lejanos para poder comer.



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